
Hace unos días fue aprobada en el Congreso de la República de
Guatemala, la "
Ley Contra el Femicidio", como consecuencia de la creciente ola de asesinatos en contra de mujeres y el machismo que aún se vive en nuestro país.
Lo paradójico del caso es que muchas y muchos están en desacuerdo con la aprobación de esta ley por varias razones que van desde la crítica porque la palabra "
Femicidio" ni siquiera existe en el
Diccionario de la Real Academia Española, hasta por el hecho de que se castigue con más fuerza el asesinato contra una mujer que contra un hombre, cosa que según dicen, no sucede en ningún país del mundo.
Debo confesar que desde mi punto de vista se tiene razón en algunas de estas posturas, pero antes, sería interesante analizar por qué en Guatemala se dan este tipo de incongruencias.
Guatemala es gobernada por un
estado capitalista fallido, al servicio de ciertos poderes ocultos y totalmente alejado de lo que ahora pretende ser una
social democracia. Es un estado fallido en gran parte por las desigualdades e injusticias sociales y económicas y una de las más cruentas consecuencias de esto es la violencia; prueba de ello, es que en el año 2,006 el
PNUD publicó estadísticas que revelaban que el costo económico de la Violencia en este país, es aproximadamente del
7.3% del PIB, es decir, casi 2,400 millones de dólares
distribuidos en pérdidas por robos, gastos médicos por atracos y gastos de seguridad privada entre otros; además casi iguala a la participación del Transporte en el PIB, que según el BANGUAT, fue de un 8.4% durante el año 2,007 y supera a lo que se genera en industrias como la construcción que solo alcanzó a participar en un 4.6%. La ciudad de Guatemala se posiciona muy por encima de ciudades consideradas "muy violentas" como Detroit o Río de Janeiro, colocándola como uno de los lugares más violentos de todo el continente americano.
Dentro de este contexto, es importante mencionar que los "femicidios" casi se han duplicado de 303 en el año 2,001 a 590 en el año 2,007 y en lo que va del año 2,008 van ya 100 mujeres asesinadas. En el año 2,007 el 75% de los victimarios era de sexo masculino.
Es un hecho que las crisis social, económica, política y moral que estamos viviendo, hacen que las circunstancias influyan y presionen directamente para la aprobación de una ley. Lástima que tengamos un Congreso con mucha gente mediocre que más que hacer su trabajo con la excelencia necesaria, se preocupan por velar por sus intereses personales o a lo sumo, de partido.
Independientemente de lo anterior, queda la esperanza de que al fin el Estado haga algo para frenar esta violencia en la que vivimos. Sin embargo el Congreso no debe limitarse a hacer leyes, también debe preocuparse por una adecuada divulgación de su contenido, pues de nada sirve si no se conocen por lo menos en sus generalidades.
Así que hoy por hoy, podemos decir que tenemos una ley injusta para algunos, justa para otros, pero que no deja de ser importante, aunque lleve en su nombre una palabra que aún no existe.
¿Y usted qué opina?
Foto tomada de elPeriódico.