
Hace unos días mi esposa me dijo que debería comprar unas banderitas para colocar en el carro, pues estamos en el mes patrio. Me quedé pensando sobre la apatía que aquella frase me hizo sentir y que eclipsó la emotividad con la que ella experimenta estos días de septiembre. Imaginé, eso si, que en otros países como el de ella (Costa Rica) si debe sentirse algo así como amor patrio estos días.
Estuve cuestionándome sobre este asunto y el "mea culpa" me golpeaba el pecho, pues todo buen ciudadano debe sentirse orgulloso de su patria, o está condenado a ser visto como un traidor (¡Válgame Dios!). Confieso que sentí algo así como vergüenza y a la vez cierta tristeza pues ¿Cómo es posible que pueda alguien vivir sin ese sentimiento indispensable que es el amor a la patria?
Sin embargo llegué a una conclusión: No tengo porqué sentirme mal.
Sé que muchos dirían que merezco ser un apátrida, o ser expuesto públicamente por no amar a mi país. Entonces sería llevado a un juicio donde el "JUEZ" ("JUEcienmil p....") estaría listo para enviarme a la horca moral y a exponerme a la ignominia digna de un ente como yo, apoyado por supuesto por los señores del jurado y talvés por muchos amables lectores que hoy me hacen el favor de visitarme.
Entonces ahuevado por lo que viniera, diría en mi defensa:
Señor JUEZ, señores del jurado, señores lectores, si este juicio hubiese sido hace unos días, yo mismo hubiese pedido mi castigo. Pero hoy, después de analizar detenidamente la situación, debo decirles que este país cada vez es menos mío. No puedo celebrar el "aniversario" de un país, simplemente porque ese aniversario no existe. La independencia fue una puesta en escena (muy bien montada por cierto) llevada a cabo por un grupo de berrinchosos criollos que se sintieron desplazados por la Corona. Desde ese día apoteósico, nuestros políticos heredaron la capacidad de hacer teatro y del bueno, al ver que funcionó, perpetuaron esta práctica desde entonces: Diferentes actores, otros motivos, con mas o con menos parafernalia, pero al final el show ha continuado.
Los montajes mas recientes incluyen obras como "Liberación del País ante la Ola Comunista"; varias "Elecciones Presidenciales Transparentes" (casualmente casi siempre fueron militares) y otras que trataban sobre supuestas persecuciones a los banqueros estafadores. También vale la pena recordar la excelente tramoya para la obra "Soberanía Nacional" que se montó para justificar el incremento de efectivos del ejército y por ende el presupuesto asignado. Y una brillante obra titulada "La Firma de la Paz" (la obra maestra de este grupo teatral).
No está demás recordarles otras obras interesantes como la "Captura de Manolito", "La Fuga de Charly Quintanilla", los "Millones Invertidos en el Deporte" (se incluyeron en esta obra varios actores extras que se fueron con todos los gastos pagados a Beijing. Por cierto, eran mucho más que los atletas seleccionados) y la obra reciente pero casi olvidada titulada "Accidente" que trataba sobre un helicóptero y el ex-ministro (Q.E.P.D.).
Después de todo esto, ¿Me piden que celebre una fecha que tiene como resultado lógico un país como este? Discúlpenme pero no. Ya se que me dirán que nada tiene que ver la independencia con esto, pero para mi, si tiene que ver y mucho, pues este país ha estado basado desde entonces en la injusticia y en la habilidad de mantener al pueblo en su estatus quo.
Para terminar mi defensa debo decirles a los que me consideran negativo por lo anterior, que amo a mi patria y creo firmemente que algún día saldremos de este abismo en el que estamos sumergidos. Para ello trabajo cada día y lo hago de la mejor manera posible. Para ello he decidido ser cada día más profesional y me preparo constantemente y los que trabajan conmigo, bajo mi cargo o no, saben que siempre les insto a que estudien y salgan adelante. Constantemente llamo la atención a los que tiran basura en la calle, o se acomodan a ver la vida pasar. Estoy preparando a mi hija para que sea honorable, digna, exigente y excelente en lo que hace. Y todo esto es amor patrio, pero no para una fecha con la que desde hace rato no me siento identificado.
Amo a mi patria, pero no la patria que condena a los niños a la desnutrición, no a la patria con "padres" que se roban Q82 millones, ni a la que ha dejado que las raíces de poderes ocultos hayan llegado hasta el extremo de ver en trapos íntimos al mismísimo presidente.
La patria que amo es la que veo cada día en la Universidad, luchando por salir adelante, es aquella que está llena de gente que hace hasta lo imposible porque sus hijos vayan a la escuela, la que se esmera cada día por salir a trabajar, a pesar del latente temor de no regresar, o peor aún, que uno de los suyos no regrese a su casa.
Amo la patria del empresario justo que paga lo que es y a veces un poco más. La del periodista que se esmera por decir siempre la verdad sin importar que ofenda a muchos, la del médico que cobra lo justo y no hace operaciones innecesarias para poder viajar a Miami. La del abogado que realmente usa la ley con justicia y no a conveniencia. La del jardinero que ama su trabajo.
Así que señor JUEZ, señores del jurado, estimados lectores: Den ustedes su veredicto. Y ¡Que viva la otra Guatemala!
Estuve cuestionándome sobre este asunto y el "mea culpa" me golpeaba el pecho, pues todo buen ciudadano debe sentirse orgulloso de su patria, o está condenado a ser visto como un traidor (¡Válgame Dios!). Confieso que sentí algo así como vergüenza y a la vez cierta tristeza pues ¿Cómo es posible que pueda alguien vivir sin ese sentimiento indispensable que es el amor a la patria?
Sin embargo llegué a una conclusión: No tengo porqué sentirme mal.
Sé que muchos dirían que merezco ser un apátrida, o ser expuesto públicamente por no amar a mi país. Entonces sería llevado a un juicio donde el "JUEZ" ("JUEcienmil p....") estaría listo para enviarme a la horca moral y a exponerme a la ignominia digna de un ente como yo, apoyado por supuesto por los señores del jurado y talvés por muchos amables lectores que hoy me hacen el favor de visitarme.
Entonces ahuevado por lo que viniera, diría en mi defensa:
Señor JUEZ, señores del jurado, señores lectores, si este juicio hubiese sido hace unos días, yo mismo hubiese pedido mi castigo. Pero hoy, después de analizar detenidamente la situación, debo decirles que este país cada vez es menos mío. No puedo celebrar el "aniversario" de un país, simplemente porque ese aniversario no existe. La independencia fue una puesta en escena (muy bien montada por cierto) llevada a cabo por un grupo de berrinchosos criollos que se sintieron desplazados por la Corona. Desde ese día apoteósico, nuestros políticos heredaron la capacidad de hacer teatro y del bueno, al ver que funcionó, perpetuaron esta práctica desde entonces: Diferentes actores, otros motivos, con mas o con menos parafernalia, pero al final el show ha continuado.
Los montajes mas recientes incluyen obras como "Liberación del País ante la Ola Comunista"; varias "Elecciones Presidenciales Transparentes" (casualmente casi siempre fueron militares) y otras que trataban sobre supuestas persecuciones a los banqueros estafadores. También vale la pena recordar la excelente tramoya para la obra "Soberanía Nacional" que se montó para justificar el incremento de efectivos del ejército y por ende el presupuesto asignado. Y una brillante obra titulada "La Firma de la Paz" (la obra maestra de este grupo teatral).
No está demás recordarles otras obras interesantes como la "Captura de Manolito", "La Fuga de Charly Quintanilla", los "Millones Invertidos en el Deporte" (se incluyeron en esta obra varios actores extras que se fueron con todos los gastos pagados a Beijing. Por cierto, eran mucho más que los atletas seleccionados) y la obra reciente pero casi olvidada titulada "Accidente" que trataba sobre un helicóptero y el ex-ministro (Q.E.P.D.).
Después de todo esto, ¿Me piden que celebre una fecha que tiene como resultado lógico un país como este? Discúlpenme pero no. Ya se que me dirán que nada tiene que ver la independencia con esto, pero para mi, si tiene que ver y mucho, pues este país ha estado basado desde entonces en la injusticia y en la habilidad de mantener al pueblo en su estatus quo.
Para terminar mi defensa debo decirles a los que me consideran negativo por lo anterior, que amo a mi patria y creo firmemente que algún día saldremos de este abismo en el que estamos sumergidos. Para ello trabajo cada día y lo hago de la mejor manera posible. Para ello he decidido ser cada día más profesional y me preparo constantemente y los que trabajan conmigo, bajo mi cargo o no, saben que siempre les insto a que estudien y salgan adelante. Constantemente llamo la atención a los que tiran basura en la calle, o se acomodan a ver la vida pasar. Estoy preparando a mi hija para que sea honorable, digna, exigente y excelente en lo que hace. Y todo esto es amor patrio, pero no para una fecha con la que desde hace rato no me siento identificado.
Amo a mi patria, pero no la patria que condena a los niños a la desnutrición, no a la patria con "padres" que se roban Q82 millones, ni a la que ha dejado que las raíces de poderes ocultos hayan llegado hasta el extremo de ver en trapos íntimos al mismísimo presidente.
La patria que amo es la que veo cada día en la Universidad, luchando por salir adelante, es aquella que está llena de gente que hace hasta lo imposible porque sus hijos vayan a la escuela, la que se esmera cada día por salir a trabajar, a pesar del latente temor de no regresar, o peor aún, que uno de los suyos no regrese a su casa.
Amo la patria del empresario justo que paga lo que es y a veces un poco más. La del periodista que se esmera por decir siempre la verdad sin importar que ofenda a muchos, la del médico que cobra lo justo y no hace operaciones innecesarias para poder viajar a Miami. La del abogado que realmente usa la ley con justicia y no a conveniencia. La del jardinero que ama su trabajo.
Así que señor JUEZ, señores del jurado, estimados lectores: Den ustedes su veredicto. Y ¡Que viva la otra Guatemala!
Foto tomada de aquí.
