viernes, 23 de julio de 2010

Notas Musicales

Escuchar a Glenn Miller me recuerda a mis padres. Desde que tengo memoria en la casa siempre ha existido equipo de sonido, pero ahora recuerdo un aparato de finales de los años 70´s, que tenía la peculiaridad de ser muy pequeño para la época y tener un radio ¡Pero a la vez era tocadiscos! (para acetatos por supuesto), toda una maravilla de la tecnología. Era de color rojo y beige, pero no se burlen patojos, porque en esa época retro era toda una belleza, sin embargo he de reconocer que es lógico que 30 años después se perciba tan kitsch, además recuerden que mucho de lo que se diseñó para la música por aquellos años, era inspirado después de algunas dosis de LSD.

Ahora que me he vuelto temporalmente “ave de paso” regresé unos días a la casa de mis padres y recuerdo que cuando éramos niños siempre nos despertaba la música de las grandes bandas. Era normal que el primero que se levantaba, aún si era día de trabajo, encendía el equipo de sonido para ambientar la casa. Una de la reglas inquebrantables que aprendí de mi padre, es que el día de descanso uno debe levantarse temprano para sentir que realmente estuvo descansando y aunque no parezca, funciona y es mucho mejor si se escucha música como la de Miller o la hermosa bossa nova de Antonio Carlos Jobim, quien se inmortalizó con la célebre “Garota de Ipanema”.

Por las noches cambiaba un poco la tonada. En lugar de escuchar esa música de las mañanas, le tocaba el turno a los boleros. Recuerdo ahora a mi padre sentado fumando mientras contaba historias de sus años de juventud, mientras mi madre colocaba la mesa, pero estas historias a menudo eran interrumpidas porque sonaba alguna parte de un bolero que queríamos oír para “meditar” la letra o bien para cantarla. Creo que los boleros son la única música mexicana que de verdad me gusta, pues no le encuentro gracia ni a las rancheras, ni mucho menos al Tex-Mex o al “pasito duranguense”.

Ahora descubrí que mis padres todavía encienden el radio todos los días antes de irse al trabajo, pero la mayoría de las veces ya no es para oír música, sino para escuchar noticias para saber a qué atenerse con la violencia durante el día. Cuando se está en guerra, se deben tomar este tipo de precauciones.

jueves, 4 de marzo de 2010

GUATE SURREALISTA

Guate pareciera surrealista: Tan hermosa como compleja de entender.

El viernes iniciamos los trámites para formar parte oficial de la Diáspora Guatemalteca. En realidad es solo un formalismo porque yo ya no estoy en esta Guatemala desde que alguien me exigió a pensar. (O digamos que al menos no quiero estar).

Estábamos varados a las 11:45 en la esquina de la 7ma. Avenida y 9na. Calle de la zona 1, gracias a una manifestación de maestros organizada por un tal Joviel. Todo el tráfico se detuvo, permanecíamos en silencio con los motores apagados viendo pasar a uno que otro policía y a muchos profesores rurales que parecían sin rumbo. De pronto, sobre la 8va. Avenida, emergió un torbellino de cientos de maestros corriendo y gritando no se qué cosas.

Aparecieron de repente algunos vendedores con carretas de construcción o canastas llenas de bolsitas de agua pura y uno que otro bocadillo; sonreían por la oportunidad de generarse unos centavitos extras en esta ola de descontento docente formada por personas utilizadas para no sé qué fines.

Algunos edificios de la zona 1 me parecen bonitos. No así el edificio “El Centro” en cuya banqueta un grupo de maestras con viseras en las cabezas y morrales atravesados, conversaban cansadas y desanimadas… o más bien tristes y casi tan ajenas a la “protesta organizada” como nosotros. Pensé en los años en que quise ser maestro y sin meditarlo dije “De la que lo salva Diosito a uno” y me pasó por la mente que es muy probable que con ese mismo ánimo estas maestras den las clases en sus aulas. ¿Y cómo podría ser de otra manera? Ese es resultado del poco valor que en el país se le da a todo lo que sirve a su recurso más preciado: Los niños y la juventud.

En la esquina, a nuestra derecha, un anciano tocaba un saxofón desafinado y triste. Aunque él se veía hasta cierto punto emocionado porque mucha gente iba y venía, sin embargo en su palanganita no cayeron muchas monedas.

Entré como en otra dimensión gracias a esa mescolanza de imágenes y sonidos (Edificios, gente, gritos, carretas, maestras hablando, gorgoritos de policías y de manifestantes y sirenas de las patrullas sonando de vez en cuando) pero fui violentamente regresado a esta dimensión guatemalteca, porque comenzaron a arrancar los motores de los carros que lograban ir contra la vía sobre la 9na. Calle y tuve que reaccionar tan pronto como fue posible.

Ya de regreso quise pasar a ver al Buki a la sexta avenida para ver si me tenía alguna de las películas chafas que le encargué, pero era tarde y nuestra hija nos esperaba en el colegio.

Después de ver caer a la alta cúpula de la policía por tumbar drogas, el caso Rosemberg, el robo de armas al Ejército, entre otras noticias nacionales, este debe ser el único lugar del universo en el que ves las cosas reales y pareciera que estás viendo un extraño cuadro de Max Ernst.

jueves, 7 de mayo de 2009

Fotografía: "JERGÓN DE MUERTE"

Este fue el último pensamiento de Mardoqueo delirando en su jergón de muerte, mientras se soltaba poco a poco de las sábanas que lo ataban a esta vida:

-"¡Qué raro!... Nunca hubiera imaginado que morir era soltarse para bajar lentamente hacia arriba, mientras se siente este vértigo que debe ser algo así como la paz eterna".

lunes, 27 de abril de 2009

Fotografía: "DÍA DE PAGO"

Sucio, maloliente, con las manos rudas y agrietadas, Roberto tomó la boleta de su cheque (que seguía sin llegar al salario mínimo), jodido pero agradecido; sonriente, acercó la almohadilla y llenó de tinta su dedo pulgar, cuya huella digital estaba casi borrada por cada pieza de concreto que subía a los camiones de carga. No importaba. Impregnó su dedo y lo presionó fuertemente sobre la boleta. Viendo a Remigio que dibujaba sus iniciales muy lentamente sobre su respectiva boleta, le dijo:

-“¿Pa´ que putas tanta mierda? ¡Mejor más rápido con el dedo!"

viernes, 27 de marzo de 2009

Anthony ha muerto.

Anthony Josué Rosales Morales ha muerto. Una bala segó su vida.

Anthony no era delincuente, ni narcotraficante, ni político, ni activista social, ni “eco-histérico”, ni homosexual. Tampoco era un líder universitario, ni periodista o escritor. No era de izquierda ni de derecha y tampoco era médico, ni abogado y mucho menos un terrorista que quería desestabilizar a algún gobierno. No era católico, ni evangélico, ni gnostico, ni creyente, ni ateo aunque si representaba a Dios.

Anthony no tenía problemas con nadie, porque solamente se comunicaba con sus padres y Katherin su hermana. Tampoco tenía una novia “marera” con quien se hubiese vinculado para meterse en complicaciones sentimentales. Ni siquiera tenía amigos que lo hubiesen llevado por malos caminos.

Anthony tampoco tenía vicios: No fumaba, no bebía, ni mucho menos utilizaba drogas para poder sobrevivir en este país.

Anthony no tenía enemigos porque no le hacía daño a nadie, ni siquiera andaba chismoseando ni levantando falsos testimonios, ni tenía alguna actitud negativa que pudieran tener como consecuencia lógica su muerte. Es más, ni siquiera hacía malas caras a nadie, pues las únicas malas caras que hacía, se debían a que algo no le gustaba y se incomodaba muchísimo. Es cierto que a veces hasta llegaba al llanto, pero eso y nada más.

Anthony era alegría y felicidad. El mundo de los que lo conocían giraba en torno a él. Todo el que le veía directo a los ojos, veía una dulzura única y especial. Si se reía por cualquier tontería, todos seguían inevitablemente su risa que transformaba la existencia en algo mucho mejor que lo que tenemos hoy.

Cada movimiento de sus manos y piernas, cada gesto de su rostro, era seguido de cerca por los que estaban con él. Anthony era un líder que todos querían observar.

Pero Anthony ha muerto. Una bala segó su vida. Con todo lo bueno que tenía, ha muerto.

Anthony era bueno y era angelical. Anthony solo tenía dos meses de edad pero una bala perdida segó su vida en los brazos de su madre, para convertirse en la más conmovedora muestra de hasta qué estado de salvajismo hemos llegado como sociedad.

Mis condolencias a sus familiares y a los buenos guatemaltecos, porque con Anthony murió también una parte vital de nuestro país.